rafael roa © 2005

Era de Arboletes, un pequeño pueblo de la costa del Pacífico de la provincia de Antioquia,
con bonitas playas de palmeras frente a un océano furioso que las azotaba.
Sus padres se dedicaban a las labores del campo y ella que se llamaba Noelia había sido una
niña noble y pacifica. Sana y bella se crió bien dentro de una economía de agricultores.
Acudió a la escuela pública y su carácter empezó a cambiar cuando se hizo mujer y se
desarrolló físicamente. Su gran cambio se produjo con quince años cuando después de una
acalorada discusión con su mejor amiga la tumbo después de un certero golpe de izquierda.
Se asustó, su amiga perdió el conocimiento y tardó un tiempo en recuperarse, ella fue temida
por el resto, incluso por los chicos de su edad.

La boxeadora brasileña Adriana Salles recibe un directo de Renata Cristina Dos Santos Ferreira.

Se fue a Medellín cuando acabo la escuela secundaria, era ya una mujer bella y poderosa. Su vida cambió en pocos meses, conoció a un novio de una prima que era el entrenador de boxeo de la selección Colombiana y empezó a entrenar con él.
Pancho Correa en dos años la convirtió en Campeona de Colombia de los pesos ligeros y después en medalla de oro de los juegos Panamericanos.
Había alcanzado la gloria, ganó todos sus combates por KO, 35 en total, una victoria tras otra. Su gancho de izquierda era conocido como el mazo de Noelia.
Ahora estaba en una fría celda de una cárcel de mujeres acusada de trafico de drogas, fue captada por una red de narcos que la metieron en el mundo de las peleas ilegales en sus grandes fiestas, en la adicción a la cocaína y al final la utilizaron de camello para introducir la droga dentro de su cuerpo en USA. Aquella cárcel de Miami era de las más duras, estaba sola con un calor y una humedad sofocante y en poco tiempo se había esfumado el griterío de la multitud coreando su nombre y los flashes de los fotógrafos.
Estaba el el pozo del olvido, su belleza se había esfumado, no por los golpes de sus rivales si no por las drogas y el túnel donde la empujaron aquellos narcos que la usaron como un juguete en sus noches de diversión. No había salida, y allí nada le ayudaría ese gancho de izquierda que era como un rayo en el rostro de sus rivales. Pensó que había llegado la hora de acabar con su historia. No Way Out.

Relato El Gancho de Noelia

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