rafael roa © 2011 – De la serie Women in wrong places

Aquellos ojos claros se clavaron en él, ella junto a la ventana se cansó de mirarle y observó
aquellos luminosos de la bulliciosa calle. La habitación en penumbra, el aire era denso en
aquella noche de verano, el asfalto ardía y seguía emitiendo calor, la noche se hacía irrespirable.
Cuando todo esta dicho con una mirada sobran las palabras, dar paso a los gestos en silencio
es la mejor solución para cerrar puertas.
Uno sabe cuando se ha llegado al final de un camino compartido y es mejor tomar un desvío.
Al ahorrar las palabras se simplifica el problema, haces las maletas y te piras, empiezas de
nuevo en otro sitio, con un nuevo paisaje a través de una nueva ventana.
Cambias de patio y de calle, de ruidos vecinales, de tiendas y de barrio. Empezar en otro lugar
tiene sus ventajas, no te conocen ni tienes ganas de hacer nuevos amigos.
A ciertas edades la gente es un estorbo, has escuchado a muchos idiotas durante tu vida buscando
su minuto de gloria, como para querer seguir escuchando estupideces.
Me voy con calma, tranquilo, cambiando de clima. Ayer vi a un tipo que discutía con su novia
por el móvil y acabo estrellándolo contra el asfalto haciéndolo añicos, uno de los trozos me dió
en le zapato, seguí andando. El tipo pensaría que se le acababa el mundo y a lo mejor le están
haciendo el favor de su vida, eso nunca se sabe hasta pasado un tiempo. La gente ni lo miró,
cada uno a los suyo encerrados en sus soledades.
El silencio es un bien muy escaso y que la gente valora poco, cuando lo disfrutas mucho tiempo
te das cuenta de lo que significa, no hay peor cosa que aquellas palabras que otros dicen y que tu
no tienes ningún interés en escuchar.
Deberían aprender a estar callados, habría menos contaminación acústica.
Joder, un troll en el patio chillando como Tarzan, que pena de cinta americana negra y de una
buena patada en el culo. Cada vez estoy más de acuerdo con frases certeras de Bukowski y de
Pi de la Serra, definen a las masas con claridad.
La noche ha volado, pasó muy rápido, no he oído ni la puerta cuando se fue, el troll sigue
gritando y los luminosos están apagados, empieza a amanecer. me voy a dar una vuelta,  un
poco de silencio viene muy bien, ellos duermen, sudan y roncan, es el momento de escapar.

Extracto del relato El Silencio – rafael roa©

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