From the monthly archives: "octubre 2011"
rafael roa © 2011

Cada día parece una encerrona, un callejón sin salida, ese lugar frío, metálico y sin luz, aparentemente acogedor pero más similar a una cárcel subterránea de lujo.
Sus ojos habían perdido el brillo de la vida, esa luminosidad que te da la ilusión diaria por el día y la noche, por el viento y por esos días soleados de verano en los cuales las chicharras no dejan de cantar.
No podía determinar cuanto tiempo llevaba en esos pasillos de luces incandescentes y fluorescentes verdes, y ya no sabía por qué se encontraba allí.
No sabía su nombre, ni recordaba nada de su pasado, y a aquellos a los que veía diariamente eran extraños, gentes como ella de miradas perdidas que deambulaban por aquellas galerías de puertas automáticas, colores metálicos y de un silencio sepulcral.
En su muñeca sólo figuraba una pulsera con la inscripción XZWA325XW.
Habitaba en una pequeña celda estanca de 3×1,5m con una cama, una ducha y un water, dos pequeños halógenos de color blanco iluminaban el habitáculo y se apagaban en cuanto llevaba un pequeño periodo de tiempo tumbada, ya no podía ni cuantificarlo. En cuanto se despertaba debía ducharse rápidamente, echar en un compartimento sus ropas del día anterior, vestirse con las
nuevas y estar de pie delante de la puerta.
Esta se abría y salía a deambular por aquellos pasillos, en una sala, podía alimentarse, todo se sucedía a un ritmo vertiginoso y no podía cometer el error de quedarse rezagada pues no abriría a tiempo la compuerta de su primera alimentación de día y entonces tendría que vagar por aquellos pasillos hasta el sonido de aviso de su segunda alimentación. Mientras tanto, andar sin descanso a un ritmo que cada día se ralentizaba más era su única ocupación.

Extracto del relato XZWA325XW

Mañana acabo mi taller de iluminación y retrato editorial en Studio Lightroom de Barcelona.
Hoy antes de irse una alumna me ha dado las gracias por ser generoso y no guardarme nada.
Para mi es incomprensible no enseñar lo que sé, nunca he soportado a los colegas de los secretos,
de las recetas mágicas, esos que se creían con la formula del éxito y que nunca la compartían con
nadie.
Uno de los problemas de la profesión ha sido la mezquindad de una gran parte del colectivo, de
estos que no contaban con que película trabajaban o que usaban para hacer un trabajo u otro.
Una vez en los inicios del digital estaba en Fotocasión comprando la Canon D60 y me encontré
a una colega de esos que hacían campañas de publicidad “inspiradas” en fotografías de otros, un
Playboy repugnante.
Le pregunté que que hacía allí y me contestó con una larga cambiada. Le mostré la cámara que
acababa de comprar y salí de la tienda.
Volví a los 5 minutos para comprar una batería adicional y lo vi comprando la misma cámara.
Estas actitudes reflejan la estupidez de algunos colegas que piensan que guardar sus pequeños
trucos les va a garantizar el paraíso eterno en el mundo de la fotografía.
La información sobre el aprendizaje de cualquier técnica esta al alcance de todos, hacer creer a los
demás que uno tiene la formula secreta del éxito infinito es propio de mezquinos.
No hay trucos, ni atajos, hay un serio aprendizaje de la técnica, existe el esfuerzo individual en
aprender un oficio y una sistemática de trabajo, y lo único que diferencia a unos profesionales de
otros es la creatividad, las ideas y las miradas diferentes o únicas que tienen unos sobre otros.
Los que digan lo contrario y vendan los atajos que no existen frente al trabajo serio sólo están
vendiendo humo.

rafael roa © 2005

Era de Arboletes, un pequeño pueblo de la costa del Pacífico de la provincia de Antioquia,
con bonitas playas de palmeras frente a un océano furioso que las azotaba.
Sus padres se dedicaban a las labores del campo y ella que se llamaba Noelia había sido una
niña noble y pacifica. Sana y bella se crió bien dentro de una economía de agricultores.
Acudió a la escuela pública y su carácter empezó a cambiar cuando se hizo mujer y se
desarrolló físicamente. Su gran cambio se produjo con quince años cuando después de una
acalorada discusión con su mejor amiga la tumbo después de un certero golpe de izquierda.
Se asustó, su amiga perdió el conocimiento y tardó un tiempo en recuperarse, ella fue temida
por el resto, incluso por los chicos de su edad.

La boxeadora brasileña Adriana Salles recibe un directo de Renata Cristina Dos Santos Ferreira.

Se fue a Medellín cuando acabo la escuela secundaria, era ya una mujer bella y poderosa. Su vida cambió en pocos meses, conoció a un novio de una prima que era el entrenador de boxeo de la selección Colombiana y empezó a entrenar con él.
Pancho Correa en dos años la convirtió en Campeona de Colombia de los pesos ligeros y después en medalla de oro de los juegos Panamericanos.
Había alcanzado la gloria, ganó todos sus combates por KO, 35 en total, una victoria tras otra. Su gancho de izquierda era conocido como el mazo de Noelia.
Ahora estaba en una fría celda de una cárcel de mujeres acusada de trafico de drogas, fue captada por una red de narcos que la metieron en el mundo de las peleas ilegales en sus grandes fiestas, en la adicción a la cocaína y al final la utilizaron de camello para introducir la droga dentro de su cuerpo en USA. Aquella cárcel de Miami era de las más duras, estaba sola con un calor y una humedad sofocante y en poco tiempo se había esfumado el griterío de la multitud coreando su nombre y los flashes de los fotógrafos.
Estaba el el pozo del olvido, su belleza se había esfumado, no por los golpes de sus rivales si no por las drogas y el túnel donde la empujaron aquellos narcos que la usaron como un juguete en sus noches de diversión. No había salida, y allí nada le ayudaría ese gancho de izquierda que era como un rayo en el rostro de sus rivales. Pensó que había llegado la hora de acabar con su historia. No Way Out.

Relato El Gancho de Noelia

Rafael Sanz Lobato ©

A Rafael Sanz Lobato (Sevilla, 1932), se le ha otorgado el Premio Nacional de Fotografía 2011.
Es una alegría saber que se ha concedido esta distinción a un fotógrafo con una larga trayectoria,
con una obra potente, y que forma parte de la historia de la fotografía española.
Rafael tiene una importante obra basada en el fotoreportaje, sus imágenes nos son sólo
importantes por su alto contenido estético si no también por su importancia antropológica y
costumbrista de nuestro país.
En el mundo de los fotógrafos en España siempre hemos tenido esas rencillas en las cuales un
grupo de poder trata de borrar a otros, quizás y en la mayoría de los casos por envidias o celos
sobre la calidad de su trabajo. Eso ha ocurrido, ocurre y seguramente ocurrirá, porque nuestro
país es especialista en producir, trepas, arribistas y chorizos.

Rafael Sanz Lobato © Retrato de Gabriel Cualladó

Por eso me da una mayor satisfacción que se haga justicia con el trabajo de Sanz Lobato.
Creo que se debería reescribir la historia de la fotografía española del siglo XX, hay muchos
olvidados y ocultos en los armarios, muchas ausencias y muchos intentos de marginación
política, la negación de AFAL o de Sanz Lobato, el descubrimiento tardío de la la obra de
Marín son ejemplos claros de que necesitamos poner a cada uno en su sitio.
Quizás una amplia exposición sobre ese periodo clarificase el panorama de nuestra fotografía.
Otra mejora es lo que parece un cambio de tendencia en cuanto a la orientación del premio,
después de la cantada del año anterior. No se quienes han sido los jurados en este año, pero creo
que deben de ser fotógrafos de prestigio, o curadores que tengan un profundo conocimiento de la fotografía española y no gentes de conocimientos limitados a los últimos 10 o 15 años.

Rafael Sanz Lobato ©

rafaelroa © 2003 – 2011

Acabo de leer un artículo sobre la obra de Christian Boltanski de un periodista chileno, Carlos
Yusti. Es interesante la reflexión que hace Yusti sobre el arte, lo banal, las tecnologías y los
envoltorios. Él hace una reflexión similar a la mía desde otro continente.
El fin de semana pasado di un taller en Sevilla, unos alumnos estupendos, un ambiente
fantástico.
Hoy estaba viendo las fotografías de las modelos que amablemente posaron en el taller para
seleccionar y enviarles sus fotos. Me ha llamado la atención la mirada de una de ellas.
Ojos llenos de esperanza, ilusión, búsqueda de algo mejor.
Todos queremos algo así, unos mantienen esa ilusión infantil de querer obtenerlo, otros
pisamos sobre las grietas de la tierra y sabemos lo que es posible y lo que no.
Los rituales se repiten siempre, los ciclos históricos y los personales, hay una reiteración de
los actores con escenas similares. Hay una retórica constante y estéril, siempre lo mismo,
el mismo cuento y los mismos finales.
Esa mirada de la chica me chocó, era de esas expresiones ingenuas, llenas de ilusión, que
se emocionan y disfrutan las pequeñas cosas de la vida. En el fondo estoy seguro de
que ella disfruta su Ítaca más que mucha gente, aunque el suyo esté lleno de limitaciones.
El arte ya no es nada, no significa nada, dejó de tener esa aureola de algo importante que
merece la pena cuidar, el arte contemporáneo está muerto, perdió el significado que le
otorgaron las vanguardias y se ha convertido en algo como IKEA, fácil de usar, de ver, de
montar y de tirar, cuando ha salido la nueva colección y el taburete se tambalea.
Todo es una feria llena de personajes que interpretan su papel, galeristas, artistas, curadores, coleccionistas, críticos, y gente que se disfraza para estar a juego con los canapés.
Cuando hacía fotografía de moda me aislaba del entorno, me refugiaba en mi silencio y
escuchaba las gilipolleces de turno de las modelos, los diseñadores con complejo de dioses, los maquilladores…., gente divina que se corría de gusto por estar en un privado de una discoteca
de moda esnifando una raya de coca. El mundo del arte es similar, vas a Arco por ejemplo y
siempre ves a los mismos pavos reales creyéndose importantes e imprescindibles para que
el mundo siga dando vueltas, y cosas colgadas en las paredes, similares a las que no se
vendieron el año anterior que buscan a un primo que cargue con ellas.
Atraco a las 3, esa obra maestra del cine español de José María Forqué es una buena metáfora
para analizar este mundo.
Vas caminando por esos sitios y te encuentras a papagayos que te saludan con esas sonrisas
falsas y estúpidas, besos, restos de maquillaje, el sudor de sus manos, miserias que recibes de
forma gratuita.
Boltanski, su madre era cristiana y su padre judío, menudo marrón que se debió comer el
colega en su niñez, la muerte, el holocausto, esas pequeñas cosas que le marcaron.
A cada uno nos marcan una cosas, a mi las tapias llenas de agujeros de bala y las cunetas
de gente inocente con un tiro en la nuca, bendiciones a los verdugos, menuda mierda.
Denunciar los abusos no esta bien visto, decir lo que se piensa tampoco. Aquellos que tienen
cadáveres en el armario no quieren que se los recuerdes, igual que a los bastardos no los invitan
a los cumpleaños.
Me acaba de llegar la invitación de una amiga que expone sus trabajos, es honesta, no finge, ni
renuncia a su pasado, los estúpidos dudan de sus palabras, y los buitres secretamente la desean,
quisieran hincar el diente en su piel suave, lamer sus pechos, pero sólo la miran, codiciosos,
como hienas esperando un descuido.
Boltanski, a mi también me impresiona la obra de Goya, él murió en Burdeos, deprimido y triste,
por culpa de un Borbón, cabrón, cobarde que había regresado y recuperado el poder.