Mis Padres, 1934 – Colección rafaelroa©

Me gustan las imágenes, llevo toda mi vida seducido por ellas. Primero el cine, esos
programas de la Caja de Ahorros en las tardes de los sábados, Errol Flynn, John
Wayne, Bogart, los cortes de la censura con los besos. No había besos en el cine, el
corte se hacía al inicio del movimiento de aproximación y acababa después de
producirse este.
Después la Brownie de mi padre y la Boy de baquelita de mi hermana, disparaba a
cualquier cosa, grandes sorpresas se llevaban al revelar el rollo.
En el ’68 y gracias a Paquita, una vecina ultrajada por los fascistas cada ver que iba a
ver a sus hermanos a la cárcel pude ver las fotografías de las revistas Paris-Match y
Life que ella me proporcionaba
El mayo francés en directo, dos semanas después de salir esas revistas, estaban en mis
manos, eso y discos de Piaf o Brassens.
Las pinturas negras de Goya y sus grabados eran una fuente de referencias para entender
la miseria de esa dictadura en la cual vivíamos. Empecé a hacer fotos con una Regula muy
sencilla que mi primo Ángel de trajo de Alemania, los jóvenes se iban a trabajar fuera como
mano de obra barata, ahora también se van pero con títulos universitarios bajo el brazo.
Mirar esa realidad con 15 años a través de mi cámara era abstraerse de ella y soñar con
un país libre donde hubiese oportunidades para todos, soñaba a través de las fotografías,
disfrutaba de aquellos momentos nostálgicos del otoño en Madrid, pisando hojas en las
mañanas frías del Retiro.
Antes de esos años, el grupo Afal había estado publicando su revista hasta 1963, yo ni idea
de que eso existía. Era el grupo más importante de la fotografía en España llevaba ya más de
15 años funcionando. Da igual que algún cretino niegue su existencia, ese sujeto lleva más
años que el dictador chupando de los presupuestos de la cultura catalana y sólo vomita
estupideces.
Yo seguía siendo un adolescente, estaba haciendo fotos que positivaba con papel Negtor en
largas sesiones nocturnas. En esos años Nam June Paik comenzaba a trabajar con la primera
vídeo cámara portátil de Sony, un autentico ladrillo para estos tiempos.
En España, Val de Omar llevaba tiempo experimentado con la imagen en movimiento,
construyendo sus propios artilugios de trabajo, y filmando esa España negra e inquisitorial
en la que vivíamos. Nadie sabía de él, me refiero al gran público, que bastante tenían con
sobrevivir.
La imagen me ha seducido siempre, registrar una parte de la realidad en cualquier formato
es un ejercicio de selección, crear algo que no existe o poner el punto en aquello que
te interesa.
Lo que hacemos nos pertenece a nosotros en su inicio pero también es de quien lo contempla
y lo disfruta, forma parte de la realidad del espectador que adopta como suyas aquellas
imágenes que le conmueven o interesan, y se va haciendo sus pequeña biblioteca de fotografías compuestas por sus recuerdos y por todas sus referencias visuales.
A veces no hay fotografías asociadas a los recuerdos, sino imágenes difusas que van perdiendo
nitidez con el tiempo hasta que se borran definitivamente de nuestra memoria, en ese momento
todo aquello que guardamos muere para siempre, pero si tenemos una fotografía siempre ese
instante estará presente en nuestras vidas. 

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