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Ayer mis ojos veían el mar en calma al amanecer y por la noche observé con estupor la violencia del estado contra los ciudadanos en Madrid, la supresión de derechos de libre circulación de los madrileños, los cortes de metro y trenes de cercanías en La Puerta del Sol y la ciudad patas arribas.
Veo la fotografía de un hombre maduro con la cabeza ensangrentada tirado en el suelo y dos fortachones ejecutores de la violencia del estado retorciendo los brazos a una pobre chica flacucha.
Todo esto son solos los detalles de la vergonzosa actuación de los maderos vestidos de azul, pero ellos son sólo los ejecutores de los errores políticos cometidos por ese hombre que ahora trata de desaparecer entre bambalinas dejando una situación lamentable por su cobardía, su falta de decisión contra los poderosos, su sumisión al poder de los especuladores, sus genuflexiones a la secta genocida de los católicos y su incapacidad para hacer justicia con los débiles y con nuestros asesinados de la guerra civil.
Vivimos en una sociedad tremendamente injusta donde la palabra justicia es un vocablo sin ningún tipo de contenido.
Un país con casi 5 millones de parados en el cual se ha consentido todo tipo de desmanes y corrupciones  en estos años de especulación inmobiliaria, que se ha dejado a los bancos actuar sin control y donde la mayoría de los alcaldes están directa o indirectamente metidos hasta las trancas con irregularidades y delitos relacionados con el boom inmobiliario, un país en el cual el despilfarro de dinero público ha sido habitual, y en el cual los gestores autonómicos se han creído pequeños reyezuelos de taifas que lo han gastado como torpes mafiosos a la salida del casino y han abusado en su propio beneficio personal, un país sin ética política y social. En este estado de cosas no se le ocurre otra cosa al imbécil de turno que ejercer la violencia del estado contra los ciudadanos que toman las calles como protesta por una situación lamentable e insostenible y cuyos máximos responsables son el poder político de este país, el poder económico por seguir saqueándolo como siempre, y el poder judicial por estar ciego y seguir beneficiando a los poderosos y eliminando a jueces honestos como Garzón y allanar el camino para un saqueo constante de los corruptos.
Por eso actuaciones como la ocurrida ayer en Madrid sólo son una injusticia más en este estado lamentable de cosas y nos muestran una falta de criterio honesto en el ejercicio del poder.
Imposible relajarse mirando al mar.

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