Ernest J. Bellocq – Gisele

Gisele había sido fotografiada por Ernest Bellocq, un fotógrafo que se hizo famoso por sus desnudos de las prostitutas del barrio francés, todas habían pasado por su cámara y algunas con mucho asco por su cama. Bellocq era una especie de Toulouse-Lautrec de Nueva Orleans, bajo, siniestro, con
hidrocefalia  e incluso paranoico.
Sus retratos de mujeres sin rostro circulaban por la ciudad, los más acaudalados caballeros querían
poseer sus placas como piezas únicas para sus fiestas eróticas.

Joe King Oliver’s Creole Jazz Band

King Oliver era la figura más relevante del jazz en la ciudad, sus conciertos en los cabarets de Storyville eran memorables, uno de sus alumnos más aventajados era un tipo de voz ronca que se llamaba Louis Armstrong.
Él animaba al Holandés en sus experimentaciones de los nuevos ritmos, tocaban juntos en algunas fiestas de los prostíbulos del barrio francés, como en Chez Michelle.
Michelle era una mulata francesa de origen antillano, admirada por su belleza, y temida por su maestría con el vudú, sobre todo por las ignorantes prostitutas que trabajaban para ella.
Elegante, esbelta como una gacela, todos los caballeros de Nueva Orleans pujaban por ella, nunca consintió ser poseída por nadie que ella no eligiese.
La deseaba y había tenido el privilegio de acostarse con ella en varias ocasiones, su talento había sido elegido por Michelle para disfrutar de esos labios de trompetista sobre la suavidad de su piel canela, mientras Joe King se sumergió en sus ojos negros y fue aducido por los susurros de una mulata que bailaba con el diablo.

Nueva Orleans 1919

Michelle deseaba profundamente al Holandés, ese rubio y fornido hombre de aspecto duro y de unos ojos azules que la derretían cada vez que se encontraba con su mirada. A ella le gustaba recibirlo con una bata blanca de seda y hacerlo tocar unas horas antes de las fiestas con la excusa de
ensayar las melodias que él interpretaría unas horas más tarde.

Extracto del relato “El Trompestista”

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