rafaelroa© 2011  – Martijn Kuiper, actor

Era un trompetista solitario, cada noche iba al mismo garito y tocaba esos ritmos infernales que estaban de moda en esa ciudad criolla.
Conocido por el apodo de “El Holandés” por su origen, era un tipo alto y corpulento que había llegado a la ciudad a comienzos de 1921 como marino en un barco procedente de Rotterdam.
Tocaba la trompeta desde niño y en el barco amenizaba las noches al resto de la tripulación.
Desembarcó y entró en una garito de mala muerte para aliviar sus bajas pasiones cuando conoció a Gisele, una prostituta de origen francés que trabajaba para un chulo alemán en aquel tugurio del centro de la ciudad. Los ojos negros de esa mujer y los ritmos desbordantes hicieron que se quedase en esa ciudad que él maldeciría una y mil veces.
Sus ojos y ese cuerpo que lo subyugaba fueron lo que le arrastró a una sucesión de hechos que terminaron por atarlo a aquel lugar. Primero fue el duelo a muerte con Hans, el chulo de Gisele, y después su necesidad de salir adelante con ella lo que lo obligó a dedicarse a algunos negocios no muy legales y algo violentos.
Su vida dio un vuelco, conoció a Oliver, un negro bajito y corpulento que era el líder de una banda llamada King Oliver’s Creole Jazz Band. Era la banda más famosa de la ciudad en aquel tiempo y su amistad con Oliver le influyó de tal manera que modificó su forma de tocar hasta el punto que ni él mismo se reconocía, pero por otro lado su música se llenó de fuerza, matices y él se hizo más virtuoso llegando a ser conocido y apreciado por sus grandes solos rasgados y llenos de sentimiento.

Extracto del relato El Trompetista

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