Todos tenemos un lado oscuro donde ocultamos la maldad y las miserias que en nuestra intimidad
nos producen vómitos, y nos hacen correr desesperadamente sin rumbo en las noches mas cerradas.
Las noches de luna nueva son perfectas para ocultarse, nada te ilumina y las siluetas se hacen mas oscuras y se confunden entre los árboles.
En esos momentos es cuando nuestras maldades están mas seguras a los ojos de los otros, podemos incluso intentar enterrarlas para siempre y perder el mapa de ese lugar, un tesoro sin valor
para nosotros y que nadie va a buscar.
Esas miserias nos hacen más débiles y vulnerables, son esa carga pesada que un héroe del Olimpo quisiera destruir para poder liberarse de ese tormento cotidiano que no le deja avanzar hacía su
soñada Ítaca, deseada Ítaca como un primer amor que se hace inalcanzable.
He vuelto a la playa de los argonautas, ellos luchan contra las olas de un mar embravecido y
furioso, parece que Neptuno hubiese desatado toda su furia cuando yo tengo que hacer mi última
travesía para volver a sumergirme en esos deseados ojos azules.

Extracto del relato Las Palmeras

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