From the monthly archives: "agosto 2011"
Dorothea Lange ©

Hablaba en estos días con mi amigo Valentín Sama sobre las últimas novedades de
Sony de las cuales en DSLR Magazine se ha informado ampliamente.
Juntos hemos visto el desarrollo de la fotografía digital en estos años y él me ha
hecho participe de muchas de las las pruebas que ha efectuado, hemos ido hablando
casi a diario sobre el cambio tecnológico que se está produciendo.
Lo que es indudable es que la tecnología ha cambiado y realizamos fotografías de la
misma forma con respecto a la dinámica de la toma y usos de las lentes pero el proceso
de revelado es diferente, se ha sustituido la química por el revelado digital.
Pero no quiero hablar de técnica sino hacer una reflexión sobre hacia donde va la
fotografía en sus diferentes formas de uso.
La fotografía supuso el acceso a la representación de la clases medias, a ser retratados
y guardar los recuerdos familiares en imágenes.
Una fotografía era una prueba irrefutable de un hecho, incluso contando con las
manipulaciones que eliminaban a los enemigos políticos, ha sido un testigo de la historia
que íbamos construyendo a través de una memoria visual compuesta por imágenes.
Hemos visto en estos casi dos siglos su desarrollo, el retrato, el fotoperiodismo, la moda,
los bodegones, la fotografía de arquitectura y naturaleza y todo tipo de fotografía
experimental y de creación.
Los fotógrafos que tenían una mirada propia se convertían en autores, ahora son
considerados artistas, guardamos sus trabajos como parte de nuestra propia historia en
museos, en esos panteones donde parece ser que conservamos aquello que merece la pena
aunque no siempre sea así.
Pero adonde quiero llegar es a la saturación de millones de fotografías muy similares que
vemos a diario y como nos las comemos casi sin saborearlas o apreciarlas.
Todos capturamos imágenes, con todo tipo de artilugios, móviles, cámaras y compartimos
esas imágenes de manera compulsiva en la redes sociales.
En esos espacios virtuales guardamos millones de imágenes a las que prestamos la misma
atención que a la tapa de la pasta de dientes.
No vemos imágenes, las consumimos con la misma voracidad que las producimos y quizás
sin esa reflexión al capturarlas de las que tanto me quejo.
Producimos fotografías, vídeos, los compartimos y nos encontramos con la paradoja de que
aquellas imágenes que representan lo más cutre o morboso son las más demandadas.
El culo de una princesa, una alcaldesa follando en la torre de un castillo, una pelea
sangrienta, abusos de todo tipo y situaciones irracionales y absurdas.
También tenemos la contrapartida de la información seria o la denuncia política.
Es muy positivo que en todo tipo de manifestaciones sociales haya ciudadanos con móviles
o cámaras grabándolo todo para evitar la impunidad de aquellos que ejercen la violencia del
poder.
Mi conclusión final es que estamos saturados de imágenes de todo tipo, nos falta reflexión al
hacerlas y esa misma reflexión al verlas porque no las vemos, nos las comemos sin digerirlas
y por tanto dejan de ser importantes, son objetos de consumo fácil y también necesarios para
sintetizar la gran cantidad de información que nos llega, o su uso como ocio cotidiano.
Hay veces que cerrar los ojos e imaginar algo que no existe es mucho más satisfactorio.
Creo que esto es sólo comenzar el debate de un tema que es amplio, pero quizás sea necesario
reflexionarlo en profundidad.

Bob Carlos Clarke ©

Bob Carlos Clarke es un fotógrafo que nos regaló un trabajo transgresor, inteligente,
con una narrativa sutil. Para los ojos de los más simples era considerado como
un fotógrafo de temática erótica y para los más tontos, pornográfica.
Hay gente que no da para más y sólo admite lecturas simples sin profundizar más allá
de lo que creen evidente.
Las modelos de Clarke se convierten en personajes irreales, muñecas, androides u
objetos de uso común al servicio de una estética en que lo humano se pierde entre los
cueros negros brillantes o los objetos mecánicos en que las transforma.
Otras son mujeres fuertes, agresivas, voluptuosas, perfectas, recién salidas de una
cadena de montaje. Esta estética es la que en parte ha definido el estilo fantástico de la
fotografía de Clarke.

Las modelos de Clarke pierden ese carácter humano y de seducción salvaje, carnal que
ofrecen otros fotógrafos, Clarke se separa de esto a través de esa artificialidad de replicantes
que otorga a sus modelos.
Sus retratos son directos, misteriosos y con esa fuerza en que la mirada es el elemento esencial
de la imagen. Sus fotos de publicidad están llenas de ese humor característico de los cómics
o las tiras cómicas de los diarios.
Es también testigo directo de lo que pasa y lo cuenta sin tapujos, no esconde las historias
en las cuales el sexo es protagonista y las cuenta tal como son, en otras las transforma en sus
cuentos irreales, limpios llenos de perfección estética que producen en el espectador esa
atracción inmediata y posesiva.
David Bailey uno de los fotógrafos mas importantes de Gran Bretaña opina que el estilo
propio del fotógrafo es como ser esclavo de uno mismo vistiendo el mismo traje toda la
vida.
Quizás tenga parte de razón, pero creo que no es del todo así, si el fotógrafo mantiene su
estilo o su forma de mirar, y busca diferentes temáticas, las cuenta bajo su punto de vista.
Bailey y Clark tienen un estilo propio pero ambos no se plagian a si mismos sino que
muestran su personal mirada en diferentes circunstancias.

Bob Carlos Clarke murió en 2006 a los 56 años de edad.

Bob Carlos Clarke © 1990

Esta tarde cambiaba unos mensajes con un compañero sobre el oficio de fotógrafo y las tarifas.
Hace unos meses ya expresé mi opinión sobre el tema en este blog y creo que hice un
análisis profundo de como está la profesión hoy.
Lo que no comprendo es que se puedan publicar fotos gratis o a unas tarifas miserables.
No me sirve ese argumento que dar a conocerse, estoy empezando o necesito publicar
y por esto acepto tarifas miserables.
Todos en algún momento hemos hecho un trabajo por un dinero menor del que pensábamos
cobrar pero siempre hay un límite razonable, como establecerlo, quizás ese es el problema.
Lo que esta claro es que estamos en unos tiempos que las editoriales nos ofrecen tarifas
indignas e incluso nos proponen documentos de cesión total de derechos.
Muchos no aceptamos esas tarifas y no firmamos esos documentos, y por lo tanto no trabajamos
para esos medios y otros si lo hacen, tragan y trabajan aunque sea a precios de miseria.
Cuando EPS te ofrece 40 euros por publicar y no aceptas, sabes que los que publican están
tragando con esa tarifa miserable y por lo tanto perjudicando al colectivo.
Tengo muy claro después de muchos años de profesión que esa falta de unión profesional ha
sido el talón de Aquiles de este colectivo, y que si ahora tenemos problemas es por nuestra
incapacidad y falta de compromiso a la hora de hacer algo que beneficie a la mayoría,
que nos haga fuertes y respetados frente a nuestros clientes.
Un colectivo con tantas diferencias salariales como los futbolistas han sido capaces de hacer
una huelga para presionar y solucionar los problemas de los profesionales que no cobran sus
salarios, me gustaría que este colectivo fuese capaz de organizarse por sectores o especialidades
y caminar hacía alguna forma de regulación de la profesión.
Un alumno mío hijo de un fotógrafo me contó que su padre amargado por las circunstancias
antes de morir quemó todo su archivo.
Hace unos años uno de los grandes fotógrafos del siglo pasado como Bob Carlos Clarke murió
y no pudo saberse la causa real de su muerte.
Existe una cierta desesperanza o tristeza en fotógrafos que han sido muy grandes y se ven en
el más profundo ostracismo al final de sus días y de grandes profesionales marginados
prematuramente.
Deberíamos analizar donde está el colectivo y hacía donde queremos ir.
Las soluciones individuales sirven sólo temporalmente a quien se beneficia de ellas, pero a la
larga todos nos vamos a encontrar con problemas similares para el ejercicio de nuestra profesión.

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rafael roa © 2011 – Elisabeth Ross

Elisabeth Ross es una artista mexicana multidisciplinar que usa la performance para explorar
los caminos de la identidad, el compromiso y la relación entre los espacios y nosotros mismos.
La mezcla y la búsqueda de identidades nuevas a través de unos ingredientes variados nos lleva
a ver en su obra matices nuevos y ricos que abarcan múltiples opciones de representación y que
producen en el espectador una búsqueda más allá de la propuesta de la obra.
Hemos hecho estas fotografías juntos esta mañana, mezcladas sobre una conversación sobre lo
cotidiano y las miserias propias y ajenas.
Hablar de la vida es repetir las historias de muchos, relatos similares que sólo se diferencian en
pequeños matices de color o tono.
Lo cotidiano de las gentes son historias de luchas continuas al son de diferentes compases pero
siempre con las mismas músicas, aquí y en la Conchinchina, diferentes meridianos o paralelos,
grandes deltas de rios, o ciudades masificadas, todo es parecido, sólo los privilegiados disfrutan
de su Gattaca privado y lleno de privilegios.

rafaelroa © 2011 – Elisabeth Ross

Después de la conversación con Elisabeth y la despedida siempre me sumerjo en una
reflexión de lo hablado y de ahí me salén análisis más amplios.
Siempre tenemos una ventana al vacío para ver nuestra parte de realidad y todo aquello
que nos inquieta.
Reflexiones sobre el tiempo, el espacio propio, la libertad y las alimañas que nos la
quieren cortar siempre se producen si estás vivo y piensas.
Los trozos de carne con patas, comen, cagan y los más bestias aporrean a los más inteligentes,
porque el pensamiento y la crítica nunca le ha interesado a los poderes.
Hablando de esbirros, leo la noticia de que unos secuaces de Bachar El Asad, el sangriento
dictador de Siria le han roto las manos al dibujante Ali Ferzat que hizo una caricatura de este
enjuto criminal sirio.
Las bestias siguen amenazando en la red, con sus pinturas de guerra y sus banderas de sangre,
esperan ansiosos las vendettas, como unos mafiosos contentos porque huelen la sangre y el
botín que vislumbran en el saqueo de su oponente.
Tiempos difíciles, encrucijadas listas para una cita con el diablo, algún asesino listo para
hacer el trabajo sucio, mientras tanto una fotografía de Gorka Legarcegi me muestra a un
político con el mismo estilo mafioso que Al Pacino en El Padrino II escuchando la palabra
de sus dioses de cartón piedra.

Weegee ©
Ernest James Bellocq

El Holandés contemplaba aquella placa de cristal de una mujer desnuda sin rostro, estaba
borrado y con muchos desperfectos. Él se sentía igual de destrozado y cuarteado que  aquella
placa.
Gisele le había enviado una nota con un chico negro en el que le comunicaba que lo dejaba,
que todo se había acabado, que volvía a Francia para casarse con un primo lejano que era
un afamado industrial textil de la zona de Lille.
Se había cansado de esperar y optó por la vía rápida, un matrimonio de conveniencia que
la sacase del húmedo calor de Nueva Orleans.
Estaba cansada de los rumores de las aventuras del Holandés en casa de Michelle, y de sus
noches de desenfreno con su amigo King Oliver en todos los prostíbulos, donde el alcohol
y las drogas los acompañaban mientras disfrutaban de las mujeres más deseadas de la ciudad.
King Oliver acababa de irse a Chicago con su banda y había invitado a ese prometedor músico
llamado Louis Armstrong a unirse a ellos en el norte como segundo cornetista del grupo.
Armstrong aceptó sin dudarlo no sólo por la oportunidad de tocar con esa banda sino porque
estaba enamorado de Lillian Hardin la pianista del grupo de Oliver.
El Holandés tenía los ojos fijos en aquella placa que iluminaba con un candil de aceite, estaba destrozado, aquel cuerpo le parecía conocido, aquellos pechos generosos, aquellos muslos,
pero seguía sin ponerle cara a esa mujer que creía conocer.
La noche y la lluvia de aquel verano de calor sofocante invadían la ciudad, la penumbra
llenaba la habitación roja donde el Holandés estaba esperando a Michelle para ensayar las
piezas para la fiesta de aquella noche.
Todo se hace confuso cuando uno esta a punto de perder a quien se ama.
Atormentado, abatido, y obsesionado por la mujer sin rostro de la placa, perdido y agotado
por los tiempos vertiginosos que había vivido, se sentía como esas sombras chinescas que
se usaban para contar historias en las fiestas con música de piano de fondo y entretenían a
los invitados, mientras los amantes se besaban en la oscuridad.
La lluvia era más intensa y la noche más profunda, no podía quedarse sin saber quien era
la mujer sin rostro y decidió que al día siguiente buscaría al contrahecho Bellocq.

Extracto del relato “El Trompestista” – 3ª parte