Match Point – Woody Allen © 2005    

La vida es como un partido de tenis en prácticamente todas sus facetas, lo que 
ocurre es que no todos jugamos con la misma intensidad, e incluso algunos hacen
trampas o no son deportivamente correctos por dulcificar el termino.
Unos lo dan todo, corren por todas las pelotas y devuelven los golpes con intensidad
y valentía, apuestan por jugar el partido sin guardar nada, otros prefieren jugar bolas
de tanteo, ver que pasa, distraer al contrario e incluso pillarle desprevenido en
cualquier despiste para echarle un globo que le coja a contrapié.
No me gustan los listillos, es como cuando en una manifestación pacifica llega el
provocador de turno, lanza el coctel molotov a la policía, sale corriendo y son
otros los que se llevan las hostias, al final los listos, desaprensivos o chorizos se
aprovechan siempre de la buena fe de los honestos, juegan con cartas marcadas,
siempre ocurre lo mismo.
En la vida profesional, social o personal se dan a diario múltiples ejemplos de estas
conductas y muchas veces sólo podemos esperar que la bola caiga en el campo del
contrario y nos llevemos el punto, porque en muchas ocasiones no podemos hacer
otra cosa que confiar en la suerte, ya que el resultado del juego no va a depender de
nosotros, o de nuestra honestidad en la entrega, sino de factores ajenos que no
controlamos.
Creer en algo o alguien y dejar de creer, o confiar muchas veces depende de algo
tan fino como el filo de un cuchillo, la trampa, la traición, el abuso, se separan de
otro tipo de resultado por el azar o por un pequeño instante de clarividencia que nos
hace ver la jugada del contrario, anticiparnos a ella y evitar que nos la metan hasta
el fondo, dejar de creer a veces es un golpe tan duro como cuando de niño te enteras
que los reyes magos no existen, siempre se paga un alto precio por cada pequeño
paso que damos.

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