Rafael Roa © 2009
Hoy he ido a los toros, tradicionalmente voy con mi amigo Manolo todos los años,
el tiene un abono en el tendido del 7, se supone que allí están los que más saben, y
también personajes lamentables como Fausto, un tipo que se pasa toda la corrida
protestando por todo, si conoces las Ventas, te sientes donde te sientes oyes sus
bramidos absurdos. Antes era más aficionado, ahora me aburro soberanamente  y
empiezo a pensar si esta tradición tiene algún sentido tal como se hace hoy en día.
Esto ya no es aquello que cautivó a Goya, Picasso o Hemingway, no hay toros con
fiereza, ni toreros que tengan respeto por el animal, al toro hay que tenerle respeto y
enfrentarse a él no siendo un jugador de ventaja, sólo José Tomas lo ha hecho en los
últimos años y casi le cuesta la vida por eso mismo, porque respeta al animal y le da
la oportunidad que otros le niegan. Hoy he salido con la sensación de que he visto un
esperpento, incluso El Bombero Torero es mas digno haciendo su trabajo en las ferias
de pueblo, si Joaquin Vidal levantase la cabeza aborrecería este juego con cartas
marcadas.
Lo mejor de la tarde la gente que ves, un becario de la Espe dando un mitin para una
persona, más esperpento no se puede pedir, en este país que a veces saca todo la
caspa a la vez, la gente queda bajo la estatua del Yiyo, entran en la plaza con sus
galas a ver morir a un bello animal, cuyos ejecutores deambulan sin rumbo como
pollos sin cabeza y con sus miserias bajo el brazo.
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