Rafael Roa © 2011
Era un sueño que se repetía cada noche, una mujer misteriosa llegaba y empezaba
a acariciarlo, a besarlo, él trataba de girar la cabeza para verla pero no podía
moverse, permanecía inmóvil, petrificado mientras ella lo besaba y acariciaba sin 
parar, y justo en el momento que él creía poder girarse, se despertaba súbitamente
sin poder ver su rostro. Él tenía su perfume en su piel, era como una obsesión
poder verla, cada noche antes de dormirse pensaba que en cuanto comenzase el
sueño se daría la vuelta para precipitarse sobre ella y ver esos labios que dejaban
esas marcas en su cuello y en sus mejillas cada noche.
Nunca pudo conseguirlo, semanas más tarde persiguió el aroma de su perfume por
las calles, era una mujer a la que no pudo alcanzar jamás, sólo ver su silueta y
perseguir un aroma que estaba a punto de hacerlo enloquecer.
Se despertó de nuevo entre sudores, los sueños son aquellos deseos o pesadillas
que no podemos alcanzar y nos atormentan cada noche sin que podamos darnos
la vuelta para ver su rostro.
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