Rafael Roa © 2011 – Panteón de Hombres Ilustres, Madrid
A Práxedes Mateo Sagasta sus colegas liberales le pusieron esta escultura en su
tumba, me gusta ese sitio, esta al lado de mi casa y a veces me doy una vuelta por
allí, hay unos cuantos padres de la patria, no me fijo en sus nombres y sólo recuerdo
la de Sagasta que esta entrando a la izquierda. Que te pongan una escultura de una
mujer desnuda en tu tumba no deja de ser una ironía, “alegoría poética” que dirían
sus correligionarios del XIX.
Después he desayunado con un amigo en el Reina Sofía, hemos hablado de todo,
y me ha comentado que soy un triste en mi blog, por supuesto le he manifestado mi
desacuerdo al respecto. Pero estaba hablando de tumbas y panteones, la verdad es
que si lo miras bien tienen un toque hortera, pretencioso, un poco de competición
de adornos mortuorios, como los faraones pero a escala reducida, la verdad es que
donde este una buena pira al borde del mar que se quite un panteón, y si puede
ser en una barcaza que se queme y se hunda rápido.
Es mejor gozar de la vida, del deseo, las pasiones, los besos, las caricias, el aire
fresco de la mañana, las risas, y el gozo profundo de todo aquello que nos hace
felices, y es un poco absurdo que te pongan un pibón de mármol encima de tu
tumba para que lo vean los colegas y se partan el pecho de la risa, menos mal que
estas cosas ya no están de moda, por eso hasta que me llegue la pira al borde
del mar voy a intentar beberme la vida a chorros, como si fuese mi último trago.
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