Rafael Roa © 2008

Es difícil separarse de la realidad, nadie se mueve ni se inmuta, los chorizos que
dirigen Telefónica se van a repartir unas primas millonarias y de paso quieren
despedir a 5.600 trabajadores. Esta claro que estos delincuentes que dirigen
la compañía muchos son de misa de domingo y de universidades de la secta
católica, seguro que se dan golpes de pecho por pequeñas tentaciones de la
carne o se fustigan con un cilicio para controlarlas.
Supongamos que ante tanta inmoralidad social se pone de moda el tiro al super
directivo como deporte dominical, para relajar las tensiones de aquellos que
pierden su trabajo, y su casa porque no pueden pagar las hipotecas, y no pueden
dar de comer a sus hijos, porque muy posiblemente en esos más de cuatro millones
de parados existan familias en que la pareja que la sustente esté en paro y una vez
acabados los subsidios no tengan recursos para poder atender sus necesidades
básicas, entendemos siempre que el recurso de la violencia es altamente reprobable
y que estamos en una hipótesis de ficción.
¿Que ocurriría entonces si el tiro al poderoso y la quema de sus bienes se pone de
moda entre los millones de personas que están en desempleo?
¿Como reaccionarían nuestros políticos y nuestros jueces?
¿Dejarían de enjuiciar a Garzón para intentar detener a esa horda de desempleados
que se estarían cargando a directivos de empresas como deporte?
Podemos entrar en una espiral muy peligrosa dada la inmoralidad social y política
que domina nuestra sociedad, pero la desesperación que puede producir en un ser
humano el verse acorralado y sin salida es muy peligrosa, siempre han sido los
detonantes de las revoluciones, de los derramamientos de sangre, sólo hay
que ver la historia, quizás estos tipos deberían mirarse al espejo y ver si les queda
algo de dignidad dentro, o sólo ven reflejado a un bastardo codicioso y avaro sin
escrúpulos.

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