Rafael Roa © 2000 – Hidden Desires

No seas melodramatico, pensó después de colgar el teléfono, todo acabo, por
lo menos fue un bonito viaje. Se sentó con su gintonic en la mano mientras
trataba de recordar aquel tiempo.
Avanzar sin rumbo fijo, dejarse llevar sin pensar en nada,¿para que hacerlo?
El guión está escrito, y el final es previsible, la única incógnita a despejar es cuando

ocurrirá, y no merece la pena pensar el ello.
Al otro lado del mundo alguien de ojos rasgados y tez amarilla observa las

ballenas con una sonrisa de niño que descubre un juguete nuevo.
Habla en una lengua que no entiendo y para mi son sonidos de película de

Bruce Lee. El barco se mueve lentamente y avanza entre el estrecho que
separan el Katmai National Monument y la isla de Kodiak.
Es un grupo de tres mujeres de mediana edad, rondando los 50 más

o menos, son medio malayas y medio chinas y aparentan poder económico,
lucen esas grandes marcas de moda francesas e italianas, y dan la sensación
de haber dejado a sus aburridos maridos para darse un homenaje con este viaje.
No paran hablar,de reírse, de hacerse fotos y  por el sonido de sus carcajadas

se adivina su situación en cubierta.
Hay también un grupo de aburridos canadienses, profesores de universidad al

borde de la jubilación, que han traído sus aburridas costumbres desde Montreal
a Alaska, son metódicos, previsibles y hasta visualmente ridículos, en fin, 
canadienses.
No pudo recordar ningún detalle más, rompió el folio que acababa de escribir,
en el fondo los detalles son sólo el envoltorio de la verdadera historia.
Ella seguirá haciendo esos aburridos cruceros, y yo no volveré a pasar frío.

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