Rafael Roa © 1983 – Nepal
Frank y yo somos amigos desde la infancia, estudiamos juntos en la universidad,
viajamos, y siempre hemos compartidos los mejores momentos, y también nuestros
grandes secretos. Hoy Frank y yo charlábamos mientras nos tomábamos un  
estupendo gin tonic con jengibre y hierbabuena, sonaba de fondo Caravan con
Duke Ellington. En un momento de la conversación, hablábamos sobre la vida, 
las relaciones, el deseo, los sentimientos, Frank me ha dicho:
 “Mira, el sufrimiento y el amor van el mismo grifo, si cerramos la espita nos
perdemos ambas cosas, perdemos la intensidad de sentir todo plenamente, es
como el compromiso o la fidelidad a las propias ideas, no hay termino medio”. 
Después de esa frase tan rotunda he saboreado un sorbo de mi copa, pensando en
diversas historias que han llegado a mis oídos, como la de Sue y Tony que dejo para 
otro día, en el fondo no puedes poner un limitador a la vida, ni a lo que cada día te
ofrece y Frank tiene razón, hacerlo es ver sólo la mitad de la película, como si
cortasen la pantalla por la mitad y nos perdiésemos la mitad de las escenas.
Cuando hice esta foto en Kathmandu, Frank estaba conmigo, fue hace muchos años, 
cenamos juntos y hablamos de algo similar aquella noche, caminamos por la ciudad
conversando, hoy muchos años después hemos llegado a conclusiones similares,
no hay termino medio y si quieres vivir intensamente, eso tiene riesgos que hay que
estar dispuestos a asumir, pero es mucho mejor eso que vivir aletargado, insensible
y esperando que tu tiempo se acabe.

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