Rafael Roa © 2005 – Hidden Desires

Fue una timba larga, llena de humo, nervios, copas, una escena típica de una
película de gánsters, pero nadie tenía una buena pipa con que amedrentar a los
otros. Al final me quedé como estaba, eso es lo menos malo que te puede pasar
en una partida de ese tipo, las cartas no son lo mío, pero jugué aquella noche,
y salí ileso. Los recuerdos nos traicionan y la imaginación desbordante nos
apuñala por la espalda, sobre todo cuando no llueve cuando quieres, y te tienes
que conformar con el suelo húmedo de las mangueras al amanecer, esas que
empujan la basura a las alcantarillas, pero no limpian tus angustias, ni tus
miedos, ni tus malos presagios, te quedas con ellos y te consumen poco a poco,
te queman, nada es verdad pero lo parece, y la incertidumbre te da el tiro de
gracia entre ceja y ceja, al final has perdido, tus miedos te han llevado de
nuevo a tus infiernos, y te corroes de angustia y temor sin nada que te consuele.
Otra vez en la parada del autobús esperando a que amanezca…

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