Rafael Roa © 2011 – Gisele Denise

Se acaba el carnaval, hoy es el entierro de la sardina, los creyentes a purgar sus
pecados en la cuaresma. Es hora de quitarse la máscara, tirarla o guardarla para
el año que viene, lo difícil es para aquellos que su rostro es su propia máscara
y que salvo que se arrancasen la piel a tiras o se hiciesen una cirugía es imposible
que cambien.
Ellos están disfrazados toda la vida, son como actores ambulantes condenados
a interpretar el mismo papel pueblo tras pueblo, feria tras feria, no es necesario
el maquillaje ni el disfraz, ejercen de fantoches siempre, repiten su papel asignado
hasta morir, como los caballos de carreras, reventados en la pista.

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