Rafael Roa © 2010

A pesar de ser un ateo convencido me gusta la estética de los centros de poder
de las religiones pues representan justo lo contrario de lo que predican.
Son centros grandiosos que intimidan a sus fieles, de un gigantismo
amenazador que a veces raya en el ridículo más espantoso.
Ninguna religión se salva de la quema en cuanto a sus representaciones
arquitectónicas, eran instrumentos de temor y de sumisión.
Cuando los fotografío me gusta deformar su realidad, jugar con sus espacios
o dotarles de simetrías que no tienen, o de fugas falsas para acentuar ese
caracter ejecutor de los sujetos que dicen representar a sus dioses en la tierra.
No debemos olvidar que la Inquisición aniquiló a más de 50 millones de
personas en America, y que estuvo ejecutando hasta comienzos del siglo XIX,
y que muchos de nuestros apellidos son gentilicios, nombres de los lugares de
procedencía que usaron nuestros antepasados para no ser pasto de las llamas.

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