Rafael Roa © 2011 – Noé Blancafort

Hoy quiero hablar del criterio fotográfico o de la falta de éste en determinados
sectores de aficionados a la fotografía, sobretodo desde que la red da cobertura a
muchos vendedores de humo que se autodefinen como gurús, que desprecian la
cultura en general, y la cultura fotográfica en particular, y que su único fin es
disparar su digital sin ningún tipo de reflexión, o compartir el último truco de
cocina de Photoshop, hablar de la novedad de un zoom, o de la bolsa guay
que se acaban de comprar.
Se juntan en grupo, y salen de cacería dispuestos a llenar sus tarjetas de
archivos digitales, incluso pisándose las fotos y discutiendo de quien la
vio primero.
Esta claro que es una afición más, como los buscadores de setas o los
coleccionistas de sellos, pero aunque así sea para este grupo numeroso de
personas, sería deseable una cierta reflexión ante la toma y un cierto respeto
por la herramienta.
Primero hay un determinado tipo de sujetos que tienen un desconocimiento
de la fotografía química y de las dificultades técnicas que tenía el uso de esta
herramienta, muchos piensan que los errores de exposición se podían arreglar
en el cuarto oscuro, esta idea errónea es fruto de la ignorancia, pequeños errores
de exposición muy leves podían tener solución, pero no se exponía con el desdén
o la falta de precisión que se hace ahora, un error de exposición de medio
diafragma usando diapositivas podía suponer un trabajo mal hecho.
Quiero decir que todo era mucho más preciso, había que serlo para no cagarla
y eso suponía un dominio de la técnica.
Respecto a la toma, había mucha más reflexión, cada rollo tenía un coste y se
tiraba menos compulsivamente que ahora salvo en determinadas situaciones
como podía ser la de un fotógrafo de guerra, pero en general todo el mundo
seleccionaba el momento decisivo de la toma, la previsualización era una parte
importante del trabajo.
Reflexionar antes de la toma, intentar fotografiar las ideas que nos surgen en
nuestra imaginación, buscar la narrativa visual que queremos dar a nuestras
fotos nos haría avanzar cualitativamente en la realización de mejores imágenes,
y conocer en profundidad la historia de la fotografía nos convertirá en mejores
fotógrafos más autocríticos y exigentes con nuestro trabajo.

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