Rafael Roa © 2003

Todo cambia con el tiempo, el culo de la maravillosa modelo y el vientre del hombre
delgado, ella no es la reina de la pasarela, y él no se ve el cinturón del pantalón.
Los años han deteriorado todo, han perdido sus proporciones, cambiamos, ya nos
no reconocemos en las viejas fotografías, la luz de cada mañana es la misma, sólo
que nosotros notamos nuevas carencias y nuevas virtudes.
Otros ojos nos miran, quizás con benevolencia, compasión, o con la pasión y el deseo
de aquellos que todavía nos aman, a pesar de que el paso del tiempo ha dejado sus
surcos, cada día nos transformamos en alguien diferente, mientras el Panteón de
Agripa sigue intacto, y lo admiro con la misma pasión que aquel día, en que mis ojos
lo descubrieron por primera vez.

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