Rafael Roa © 1988

Siempre hay que cerrar puertas en la vida, en nuestras relaciones y en nuestra
profesión, muchas veces es sano encerrar en un armario aquellos trabajos que
quizás fueron importantes en su día pero que ahora nos encontramos lejos de
ellos. A veces sólo son un agradable recuerdo, otras un fantasma del pasado
que hay que hacer desaparecer para que no siga torturándonos más, saber
poner un punto final antes de que sea demasiado tarde.
Lo mejor son aquellas miradas frescas que nos encontramos sin querer, y que
llegan como un regalo de Reyes, nos deslumbran, seducen y cautivan tan
rápido que no nos da tiempo a reaccionar, y cuando las perdemos nos dejan
un vacío enorme, pero nos ayudan a establecer de nuevo la búsqueda de algo
que nos vuelva a hacer sentirnos satisfechos de nosotros mismos.

Share →

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *