Rafael Roa © 1981 de la serie “Reflejos”

Aquellos escaparates me producían una sensación de mundos de sueños, irreales
que fomentaban la acción de desear intensamente todo aquello que veías.
Era una época creativa en la cual todos resurgíamos ilusionados después de un
largo túnel. Siempre me ha interesado visualmente esa mezcla del mundo real
y el reflejado, esa dualidad confusa ha alimentado mi trabajo durante mucho
tiempo ayudándome a explorar esos pequeños mundos que se crean bajo el azar
de la luz y los cristales o de cualquier superficie que ayude a crearlos.
Es algo que no se controla, evoluciona con los cambios de la luz, sufre esa
metamorfósis producida por el tiempo desde el amanecer hasta el amanecer del
siguiente día, la noche no detiene el proceso sino que le da nuevos matices,  sólo
nos queda explorar cada nuevo momento y abordarlo como un mundo nuevo que
acaba de crearse.

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