Rafael Roa © 2007

Para un ateo confeso como yo hablar de los dioses es hablar de la ficción de los
hombres, de esas justificaciones que el hombre ha creado para manipular, someter
y aniquilar a otros en nombre de supuestas criaturas celestiales.
Las religiones siempre han servido como instrumento de tortura, de represión
política y cultural, y han convertido el planeta en un río de sangre que no se ha
detenido todavía y que lejos de reducir su caudal lo aumenta cada día.
Los supuestos dioses no ven lo que sus empleados hacen en la tierra, o están ciegos,
o les falla la webcam. Hoy he visto imágenes en la televisión de la violencia en
Egipto y de como se asesina a la gente con la complicidad de toda la comunidad
internacional que esta evaluando que les interesa más a ellos, si un dictador
manejable o que los egipcios puedan decidir por si mismos, esto me recuerda
lo que pasó con España una vez acabada la segunda guerra mundial, les convino
más mantener a un criminal en el poder que eliminarlo.
Por eso los pueblos son utilizados como simples marionetas, la vida de los inocentes
que están muriendo hoy no servirá para nada, quizás consigan cambiar el gobierno
o tener elecciones libres pero nada cambiará realmente, solo el decorado y los
actores. Siempre recordaré aquellos estudiantes que murieron asesinados en la
transición española, Mari Luz Nájera, Arturo Ruiz, y Yolanda Gonzalez, ellos
perdieron sus vidas en aquel proceso para llegar a la mierda que tenemos hoy,
por eso los dioses de los humanos deben de estar ciegos por permitir que sean
los mismos perros con distintos collares los que sigan montados en la burra,
aquí y en Tasmania.

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