Rafael Roa © 2003 – Hidden Desires

Había un bar cercano a mi estudio donde cada mañana iba a desayunar, el
camarero era un tipo simpático, de poblados bigotes y calva tipo hachazo en la
frente, un sujeto parecido al gran actor José Luis López Vázquez pero mas fornido.
A las 9 de cada mañana solíamos estar las mismas personas, el tipo del estanco,
la pescadera que pasaba por allí antes de meterse en faena, y una mezcla de gentes,
sórdidos, siniestros, listillos y aprovechados que repetían el ritual cada mañana.
El último en llegar era Pepe, la alegría de la huerta, el bufón para el resto de los
parroquianos, el tipo que soportaba todas las bromas y chascarrillos.
Pepe traía siempre noticias frescas del barrio, venía y se las arreglaba de una
manera u otra en desayunar, fumar, leer el periódico gratis, pegar la gorra con una
inteligencia y habilidad que al final parecía que les estaba haciendo un favor.
Para mí Pepe, era el mas hábil, astuto, e inteligente de todos, actuaba cada mañana,
lanzaba sus redes, elegía la presa y siempre atacaba al sujeto que él veía más
vulnerable, y al final conseguía su objetivo, y se iba con una media sonrisa de
triunfo y riéndose interiormente del personal.
Creo que la gente en general se traga los anzuelos hasta el fondo, sólo hay que
darles lo que desean, da igual como lo presentes, ellos en el fondo sólo entran
al trapo de su carnaza, de sus deseos, sólo hay que poner un buen anzuelo para
que piquen, Pepe era un gran pescador.

Share →

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *