Rafael Roa © Hidden Desires 1988

No hubo corona de laurel para el vencedor, ni gloria, ni el griterío de la masa coreando
su nombre, no subirá al Olimpo de los dioses, ni de los héroes. Su victoria no la
presenció nadie, sólo fue una hazaña para él mismo, una demostración de su fuerza,
de su habilidad en la más absoluta soledad. Consiguió lo que había soñado desde niño,
se enfrento al destino del mito que cayó de las alturas y murió en aquel intento vano.
Al final se elevó sobre la tierra, vio pequeños los caminos, y los árboles le parecían
matojos, el viento acariciaba su rostro, mientras él satisfecho, esbozaba una pequeña
sonrisa de triunfo.

Brazil – 1985  Terry Gillian

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