Estoy en el AVE escuchando a Chet Baker y con los auriculares puestos oigo
de fondo dos conversaciones telefónicas, la de una adolescente com una amiga
y otra de una mujer entrada en años y en carnes, con una especie de amante
que no la valora. Por los gritos y exclamaciones de la mujer e incluso con la
trompeta de Chet me entero con pelos y señales de sus problemas de apareamiento,
parece un relato de realismo sucio de Bukowski o Carver, ella sigue dale
que te pego con el rollito de que él no la quiere,
Woody Allen pediría un abrevadero para hacer callar a esta mujer, su mala
educación la lleva a vomitarnos sus miserias en vez de salir fuera del vagón a
liquidar sus montoncitos de mierda con un poco de privacidad, y sigue
insistiendo con el rollo, en un trayecto de dos horas veinte minutos nos ha
mostrado su vida privada desde Sevilla hasta Ciudad Real, y todo esto que yo
me protegía con los cascos y oyendo música, no quiero imaginar a los otros
pasajeros que la oían con todo lujo de entonaciones, en estos casos dan ganas
de llamar a Tony Soprano para que nos haga un favor.
¡Chet sálvame!

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