Rafael Roa © 2009

La Ilíada / Homero
CANTO VII
Combate singular de Héctor y Ayante – Levantamiento de los cadáveres
Y Héctor, puesto entre unos y otros, dijo:

 ‑¡Oídme, troyanos y aqueos, de hermosas grebas, y os diré lo que en el pecho mi corazón me dicta! El excelso Cronida no ratificó nuestros juramentos, y seguirá causándonos males a unos y a otros, hasta que toméis la torreada Ilio o sucumbáis junto a las naves, surcadoras del ponto. Entre vosotros se hallan los más valientes aqueos; aquél a quien el ánimo incite a combatir conmigo adelántese y será campeón con el divino Héctor. Propongo lo siguiente y Zeus sea testigo: Si aquél con su bronce de larga punta consigue quitarme la vida, despójeme de las armas, lléveselas a las cóncavas naves, y entregue mi cuerpo a los míos para que los troyanos y sus esposas lo suban a la pira; y, si yo lo matare a él, por concederme Apolo tal gloria, me llevaré sus armas a la sagrada Ilio, las colgaré en el templo de Apolo, que hiere de lejos, y enviaré el cadáver a las naves de muchos bancos, para que los aqueos, de larga cabellera, le hagan exequias y le erijan un túmulo a orillas del espacioso Helesponto. Y dirá alguno de los futuros hombres, atravesando el vinoso mar en una nave de muchos órdenes de remos: «Ésa es la tumba de un varón que peleaba valerosamente y fue muerto en edad remota por el esclarecido Héctor.» Así hablará, y mi gloria no perecerá jamás.


Todos tenemos desafíos que cumplir, las circunstancias los envían a nuestro encuentro,
es mejor siempre dejarse la piel en el envite que huir perdiendo la dignidad, la vida es
nuestro desafío, y cada día una página en blanco que hay que escribir, enfretémonos a
ello sabiendo que es lo que queremos y evitando pisar los cadáveres de nuestros enemigos.

Share →

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *