Rafael Roa © 1984

Siempre me ha fascinado las carreteras costeras, esas que son tranquilas y te
permiten ver pequeñas calas, acantilados y zonas totalmente vírgenes,
Desgraciadamente ya no quedan en nuestro país, los especuladores lo han
convertido en un lugar de asfalto, de urbanizaciones continuas donde el
cemento ha destruido a la naturaleza.
No he vuelto por esta carretera desde entonces, pero era una de esas para
disfrutar del paisaje, pararte en el pequeño arcén y bajar por las rocas al
borde del mar, sentarse y disfrutar de los sonidos del viento y el agua.
La fotografía a veces sirve para recordar pequeños instantes de placer,
tranquilidad o gozo y retener lugares hermosos a los cuales sea mejor
no volver para no llevarnos una gran decepción.
A veces lo mas bello de nuestras vidas nos ocurre al borde del mar.

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