From the yearly archives: "2011"
Elmer Batters ©

Elmer Batters fue uno de los fotógrafos que realizó un trabajo fotográfico que lo podemos encuadrar
en el ámbito de la fotografía fetichista, con un cierto erotismo casero, cercano también a la estética
de las imágenes de las pin-ups.
Su fijación por fotografíar los pies como un fetiche sexual, y su fascinación por las piernas, unido
a su fotografía tendente a un erotismo nada sofisticado son las características principales de su obra.

Elmer Batters ©

Comenzó su carrera a finales de los años 40 colaborando inicialmente en publicaciones para adultos, llegado años más tarde a publicar el mismo sus revistas y los textos de las mismas.
Su narrativa era muy clara, la mujer, sus formas, fetiches, y una sublimación por el erotismo
que se apoyaba en sus fantasías.
Durante su vida tuvo problemas legales por la realización de este tipo de imágenes, en unos años
de un puritanismo que perseguía estas conductas.
Casi toda su obra ha sido publicada por Taschen, y exhibido dentro se esa colección en el
Museo Reina Sofía en 2004/5. El IVAM de Valencia le dedicó una exposición individual en 2008.

Elmer Batters ©
Elmer Batters ©
Elmer Batters ©

Hoy empiezo una serie de diálogos con amigos fotógrafos sobre la fotografía.
Veremos el primer capítulo de Fernando Puche. Hemos hablado de su aproximación al
proceso creativo, de la evolución de su obra, y de los cambios de las estéticas y narrativas de la fotografía.
El mercado del arte y las formas de búsquedas de la identidad personal como un autor, han sido
también temas de los cuales hemos hablado.
Espero que os interese, la idea es ofreceros diferentes puntos de vista de autores que tienen una
visión personal en su trabajo fotográfico.
Próximamente podréis ver la segunda parte de este diálogo con Puche, que espero sea de vuestro
interés.

Still de Vídeo – rafael roa © 2011

rafael roa © 1994 – Hidden Desires

Interpretar la cultura es tratar de entender mensajes en clave que nos enviamos para no mirarnos
a los ojos, sin máscaras y decirnos sin remilgos lo que somos.
La cultura nos cubre con el barniz de la civilización, nos frena los instintos y las bajas pasiones.
Cesare Pavese afirmaba “El amor es la más barata de las religiones”, para que necesitamos
una religión si las pasiones que emergen desde dentro de nosotros nos llenan de gozo y nos
liberan de  las cadenas del hastío.
La fotografía nos convierte en delatores de las miserias y mensajeros de los instantes felices,
aquellos que queremos guardar eternamente.
Prefiero amarte a hablarte, las palabras se pierden ahogadas en el silencio del tiempo, pero ver
la película de como nos hemos amado, es recordar los matices del paraíso al cual me transportas.
Martijn Kuiper me mira desde la locura insaciable de Ricardo III, matar para amar, matar para
poseer a la mujer del otro, mientras los ojos se llenan de la sangre de la ira.
La fotografía detiene la acción de la máscara, la conserva para no olvidarla.
Miro el desnudo de aquella modelo esbelta que fue cómplice de mis fantasías y me pregunto:
¿Donde estará tu cuerpo y la sensualidad de tus formas?
Posiblemente 18 años después, su belleza habrá sido transformada por los hijos, el tiempo que
deja sus huellas como surcos en nosotros.
No quiero verte de nuevo, recordar tu belleza es mejor que enfrentarnos a contemplar nuestra
propia decadencia. La fotografía me recuerda como fuiste, mi frágil memoria tratará de recordar
los matices de como te amé hoy.
Ricardo III mata por deseo, fagocita al otro sin darle tiempo a leer su nombre en la tarjeta de
visita. Como aquella fotografía, memoria del Vietnan, el tiro en la sien al enemigo, la mirada
impasible del verdugo, Eddie Adams estaba allí para guardar el instante, otro horror para
recordar.
Imágenes y más imágenes, turbias, bellas, perturbadoras, de cualquier tipo, nos acompañan
siempre, necesitamos hacerlas por muchos motivos diferentes, y verlas, quizás para creernos
como somos y lo que hacemos.

rafael roa © 2011- Martijn Kuiper como Ricardo III
rafael roa © 1990 – Fotografía de Moda

Los fotógrafos con su talento y las modelos con sus cuerpos dan vida a los objetos inertes
que son los diseños de moda. Unos trazos en un papel, las texturas de un tejido más o menos
singular se convierten en un diseño, una prenda de vestir,  que el fotógrafo transforma en un
sueño deseable y objeto de culto. El ojo del fotógrafo dota a la prenda de otra dimensión, argumentando el diseño con la visión del artista plástico.
Los diseñadores de moda trabajan para una clientela exclusiva y glamourosa… son sus mecenas.
Esto les puede convertir en seres altivos que viven en una realidad distorsionada, y pueden llegar
a incurrir en el error de no reconocer que parte del mérito de sus éxitos está en el trabajo de los fotógrafos
Todos recordamos la fotografía de Richard Avedon de la modelo Dovima y los elefantes, todos recuerdan la obra maestra de Avedon, algunos más recuerdan el nombre de la modelo, y muy
pocos saben que era un diseño de Dior.
Lo sublime es la imagen de Avedon, el talento del fotógrafo consiguió realizar una fotografía
para la historia.
Algunos diseñadores se atreven incluso a jugar a ser fotógrafos, he visto autenticas barbaridades publicadas en la edición francesa de Vogue por el mítico KL.
La fotografía de Avedon es una obra de arte, su dimensión creativa esta por encima de cualquier
diseño que hubiese tenido que fotografiar, el artista es Avedon, y en este caso el diseño no es importante, si no la idea del fotógrafo y su materialización posterior en una imagen.

Richard Avedon – Dovima y los elefantes, 1955
rafael roa © 2011

Acabar un año es terminar una etapa del viaje. Siempre hay una posibilidad de cambiar de rumbo
pero a veces insistimos en seguir por el mismo camino aunque no nos lleve a ninguna parte.
Cambiar para conseguir nuestros sueños y llegar donde deseamos.
El niño de la fotografía mira ensimismado el barco que se encuentra en el horizonte, imagina
aventuras, viajes fantásticos, con grandes monstruos marinos que surgen de un océano furioso
de olas gigantes, mientras él se aferra al timón para salvar su nave.
La imaginación nos transporta al paraíso, a ese lugar soñado que sólo existe en nuestro interior,
esa palabra suave que contiene todo lo que un ser humano puede anhelar.
Lo construimos a nuestra medida, lo llenamos de color, o lo vemos en blanco y negro, pero
todos buscamos esa sensación eterna de bienestar y libertad, de abandono al goce y al placer
alejados del mundo o inmersos en él hasta las trancas.
Algunos matan por ese lugar soñado e inexistente, otros deseamos tener esa sensación eterna de felicidad, cerrar los ojos, detener el tiempo, disfrutar de los sentidos con la calma necesaria
para poder percibir cada matiz, sabor, color.
Y así pasa la vida, vamos quemando etapas en una búsqueda constante de sensaciones eternas,
y soñamos como el niño que quiere ser el héroe para salvar la nave de los peligros del mar azul,
y alcanzará la gloria al llegar a puerto.

“Un viajero es aquel que sabe cuando comienza su viaje pero no cuando lo va a concluir”
El Cielo Protector – Paul Bowles