Rafael Roa © 1994

Nora abrió la gruta del deseo y salió por ella segura de que obtendría aquello que
buscaba, todo se iba a precipitar como en una erupción de un volcán, la sangre
fluye y la pasión aparece. La pasión se alimenta del deseo de poseer, es algo a
veces irracional pero que hace sentirnos vivos y mueve el mundo, el deseo es
el potro salvaje que hay que cabalgar para creer que la vida tiene algún sentido.
Desear, entregarse a la pasión, poseer, dar, tener, un cúmulo de sensaciones
que se precipitan hasta hacernos llegar a lo soñado, lo deseado al fin se hace
realidad, solo nos queda el recuerdo de unos instantes irrepetibles.

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