Rafael Roa © 2007 / A Void Regard

El deseo es como un gran banquete, es la posesión de lo prohibido de lo ajeno,
fagocitar al otro es tenerlo para siempre, un acto caníbal, atávico, ancestral.
Soñamos con la posesión de quien deseamos, el dominio, alcanzar el momento
sublime cuando ante nuestros ojos se produce aquello que queremos, que
deseamos con una intensidad incluso enfermiza, y ocurre fugazmente ante
nosotros, quisiéramos ralentizar el tiempo pero todo sucede casi sin dejarnos
percibir los detalles del festín del deseo, siendo el invitado exclusivo que chupará
la carne antes de poseerla, la lamerá con una voracidad sin límites, y todo sucede
rápido, se acaba, cumplimos nuestros sueños, otros quizás cumplan su venganza.

Rafael Roa © 2007 / A Void Regard

Los amantes se entregan, se funden, gimen y cierran los ojos, materializan su
banquete en un acto en el que se muere un poco, el tiempo pasa y no se detiene,
el recuerdo es difícil de atrapar incluso cuando se ama, más fácil de olvidar
cuando sólo es un acto caníbal, todo se acaba y el plato está vacío de nuevo,
y el hambre volverá a despertar muy pronto.

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