Rafael Roa © 1996

Cuando llegabas a Cosmopolitan la primera persona que veías era la
recepcionista y era la primera voz que oías cuando llamabas por teléfono.
Ella estaba allí con sus rastas y su sonrisa siempre dispuesta a ayudar
y a hacerte fácil todo aquello que pudieras necesitar.
Un día la propuse hacer unos retratos, primero a ella y luego con su hija,
hicimos una serie de retratos mas suaves o agradables, pero al final, la
sugerí que me mirase sin pensar en nada en concreto, se abandonase delante
de la cámara y éste fue el resultado. Es un retrato duro, pero a mí siempre me
ha parecido que tenía una belleza especial, distante, triste y sincera.
A veces no lo mejor es abandonarse delante del objetivo y dejar que la
cámara capte lo que realmente sentimos en el instante en que se hace la
fotografía. No la he vuelto a ver desde que dejé de colaborar en la revista,
espero que dónde esté siga siendo la persona encantadora que yo conocí.

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