Rafael Roa ©

No recuerdo la fecha exacta de este trabajo, pero fue en los 90 en el Hotel Palace
en Madrid. Como siempre teníamos una sala reservada para la sesión y llegó ella
elegantemente vestida con un traje de chaqueta de lino y esa mirada poderosa e
intensa que heredó de su padre. La acompañaba su marido de entonces Rafael
López-Sánchez, y este es el retrato que hice a los dos al final de la sesión.
Sus miradas fueron penetrantes, intensas y tengo un gran aprecio por ese material,
creo haber comentado con anterioridad que la relación personal que se produce
durante la sesión de retratos influye muchas veces decisivamente en el resultado
final. Aquí todo fue muy fácil, la comunicación fue fluida y sus ojos y mi cámara
hicieron el resto. Ella estaba entonces en la cima de su carrera como diseñadora,
pero anteriormente yo la había visto en la película Cuentos Inmorales del director
Walerian Borowczyk.
Quizás la fotografía y sus usos hayan cambiando en estos años, y pronto dejen de
ser el documento social que necesitábamos para ilustrar lo que ocurría en nuestro
mundo, pero siempre que haya una cámara, da igual el soporte, habrá al otro lado
una mirada que quiera ser capturada para la eternidad.

Rafael Roa ©

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