Rafael Roa © 2005

En los frontones, las pistas de squash quedan las marcas de las pelotas, restos
de batallas, sudores y golpes maestros. Los recuerdos son como las marcas de
las pelotas en el muro de la pista, permanecen durante cierto tiempo pero poco
a poco se van borrando y se dejan de ver con la misma nitidez que se ve la
marca de una pelota sobre una pista nueva.
El recuerdo de aquellos con quienes compartimos algo durante nuestra vida,
se diluye con el tiempo hasta hacerse sus rostros borrosos y su voz lejana,
sin ese tono definido que siempre reconocíamos a través del teléfono.
Todo se pierde, poco a poco deja de existir igual que una vela se consume en
la noche de los muertos, al final nos quedamos sin rastros, ni huellas, y nuestros
recuerdos desaparecen porque ya no queremos recordar, sino vivir el tiempo
que nos queda, sin mirar atrás ni un sólo segundo.

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