Rafael Roa © 1994

Hice este retrato de Anabel para una serie de “Africanos en España” que produje
con mi amiga Mercedes Goíz y luego publiqué en EPS.
Fue un trabajo que realicé en placas de 10×12 cm con mi película favorita, la
Polaroid 55, de la cual ya os he comentado sus bondades en muchas ocasiones.
Pero lo que quiero hacer hoy es una pequeña reflexión sobre el retrato y cómo uno
mismo va evolucionando con el transcurso de tiempo, en cómo lo afrontas y que
pretendes de él. Todos los fotógrafos han expresado sus opiniones sobre el retrato,
como la famosa cita de Avedon“el retrato es una opinión del personaje”
Cada uno tiene la suya, para mi es una relación que se establece a través de
la cámara, es cómo poseer al otro.
¿Que siente el fotógrafo cuando se enfrenta a un retrato? , se puede sentir curiosidad,
miedo, misterio, deseo, ansiedad. Todos estos sentimiento mezclados se unen a una
búsqueda de algo que queremos obtener del personaje, algo de verdad, no un posado
de mujer guapa o de hombre interesante, yo por lo menos quiero algo auténtico,
un instante en que no se finge, un acto de generosidad por parte del retratado,
una entrega.
Recuerdo un documental de Helmut Newton en el que estaba fotografiando a
Billy Wilder, y se ve a Newton con una ansiedad disimulada intentando que Wilder
haga algo que él pueda capturar, y Billy Wilder a lo suyo, hablando a la cámara
moviendose, gesticulando, en esa secuencia se veía la tensión en la búsqueda del
personaje, todavía no se había producido esa conexión que todo fotógrafo desea.
Porque un retrato también es un proceso de seducción, de seducir al otro para
hacerlo tuyo y robarle ese instante eterno y verdadero que queremos atrapar
con nuestra cámara, es como desear besar y ser besado, cuando eso ocurre lo
abrazas, te entregas y cierras los ojos.

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