Rafael Roa© 1981

Cuando era un niño allí vivía un oso polar, más tarde fueron los monos, ahora
es peor todavía, solo hay siluetas de monos pintadas en las paredes de ese foso,
lo cual resulta patético. Lo peor que hay es ver los lugares que han tenido una
función y dejan de tenerla, pierden todo el sentido de uso y se quedan
como restos de un naufragio, y solo existieron para aquellos que tienen esos
recuerdos. Quizás fuese mejor el olvido, no asociar a nada ni a nadie con un
pasado que ya no existe, de esa forma no seriamos conscientes en muchos casos
del grado de decadencia que vamos alcanzando cuando somos incapaces de
conservar las cosas con un cierto respeto al trabajo de los otros.
Al final no quedará nada, hoy he leído que el animal de Carlos III quiso destruir
el Adan y Eva de Durero, cuantas cosas de valor se han destruido a lo largo de
la historia por decisiones de fanáticos incultos, no dejamos piedra sobre piedra
seguimos destruyéndolo todo a nuestro paso, hasta que llegue el día que no
quede nadie para contarlo.

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