Rafael Roa © 1992

Era mi agente favorito de todos los de la saga, lo recordaba en aquellos programas dobles de tardes de cine interminables, de los sábados con pan, chocolate y cantimplora de agua. Era un tipo listo, elegante y duro y además se llevaba a la chica guapa de la película mientras lo llamaban de la central y él desconectaba poco antes de que comenzasen a rodar los títulos de crédito.
007 contra el Doctor No, James Bond contra Goldfinger o Desde Rusia con amor, pertenecen a mis recuerdos de esas tardes de programas dobles, donde la imaginación de un chico se metía en ese mundo maravilloso de ficción en el que el bueno siempre eliminaba al malo y se quedaba con la chica.
Al final salíamos de noche del cine justo antes de cenar y nos encontrábamos con el mundo real, y a esperar hasta el mes siguiente para poder ir y seguir soñando con esos mundos de héroes.
Y allí estaba yo en Londres, en una suite de un lujoso hotel mientras Ignacio Carrión hacía la entrevista, preparando mis luces para una sesión de 5 minutos.
Cuando me enfrenté a él solo le dije: ” James tengo 5 minutos y quiero esa sonrisa cínica del 007″. Después de 3 rollos de 120 estaba hecha la portada de EPS y las dos dobles páginas interiores, Ignacio Carrión llamó a la redacción para confirmar que habíamos  cumplido la misión, yo acababa de fotografiar a aquel héroe de mis tardes de cine, esta versión en blanco y negro nunca se publicó y pertenece a mi colección de inéditos.
Por eso cuando leí en la prensa que el 007 había coqueteado con el mal, sentí pena por aquel héroe de mi infancia.

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