Rafael Roa © 1990

No estoy seguro de la fecha de esa sesión pero fue a comienzos de ese año,
recuerdo que la revista ELLE me pidió un retrato y yo no les dí el suficiente
glamour que ellos esperaban. Manolo pasaba de ejercer de “sex symbol” y
me costó incluso que se abriese la camisa, el tenía fuerza y una mirada
desafiante y dura, fumaba y se enfrentaba a la cámara, no era en definitiva
el personaje blandito de ese tipo de publicación.
A mi me gustaba su mirada, ese tipo duro delante de la cámara sin esbozar ni
por asomo una ligera sonrisa, decidí que esa era la foto, ese era el personaje,
y que lo único que tenía que hacer era una buena foto que reflejase el carácter
del individuo que atravesaba el objetivo de mi cámara con esa mirada.
Las fotos de esa sesión fueron en este tono, retratos duros sin tregua,
miradas implacables, desafío y franqueza.
Manolo se fue, y ví el jarrón de flores cerca de una ventana, le entraba ya una
escasa luz, lo fotografíe, era el complemento para la mirada de Manolo,
pero nunca lo enseñé a la revista, quedó como un montaje de dos Polaroids
pegadas en un cuaderno, hasta hoy que he reproducido esas placas.

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