Rafael Roa © 2003

Hoy he visto un león herido de muerte en una esquina, pero lleno de orgullo
con restos de la batalla en su piel, la mirada firme y digna, dispuesto a dar el
último zarpazo, de morir matando a sus enemigos, como en la sabana defendió
a muerte a su prole, aguantó las embestidas y murió dando su último golpe
digno antes de morir.
Las esquinas de las grandes ciudades, los pasos subterráneos, los vagones de
metro y los autobuses nocturnos sin rumbo, están llenos de seres heridos,
derrotados, abandonados a su suerte pero con ese sopló de dignidad para
defenderse hasta el final, hasta el último envite.
Pasamos a su lado sin mirarles a los ojos, y sin pensar que todos tenemos algo
de leones heridos de muerte, el problema es que no nos damos cuenta porque
hace mucho tiempo que nos rendimos y perdimos la batalla y quizás la dignidad
para poder dar ese último zarpazo.

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