Rafael Roa © 2000

Siempre hay algo oculto al otro lado del espejo, aunque parezca que solo es
el reflejo de nosotros mismos, el abismo, el misterio, la duda, todo se esconde
y confunde en su profundidad, incluso los murciélagos vuelan agazapados y
listos para acechar alguna presa.
La piel, la textura, el deseo que se anhela, el miedo y la pasión a veces se
ocultan al otro lado dejando en éste, la nada, la miseria, la cobardía de no
dar el salto nos paraliza, nos detiene y nos impide cualquier progreso,
cualquier aventura que nos ayude a saber lo que realmente deseamos
y siempre tuvimos miedo de conocer.
Por eso a veces lo mejor es saltar hacía aquello que desconocemos para
descubrir verdaderamente el material del que estamos hechos y lo que
somos capaces de alcanzar.

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