Rafael Roa©

Nunca me han gustado los directores de arte de las revistas, algunos eran
maquetadores mediocres que habían llegado alto, alguna hasta la subdirección.
Su afán era tenerlo todo bajo control, la copia de la revista que estaban haciendo
no podía separarse un ápice de la cabecera del mismo nombre de la casa madre.
Muchos de mis mejores retratos nunca fueron publicados, inicialmente se los
enseñaba pero desistí de hacerlo con el paso del tiempo.
Esta colección de maquetistas venidas a más lo tenían muy claro, su copia debía
de ser perfecta del original, sus páginas de silueteados lo mas nuevo del momento,
querían un tipo retrato insulso, “fashion”, algo que habían visto por alguna
revista de la casa madre.
Mi ayudante se daba cuenta cuando desconectaba de las conversaciones que se
producían en el estudio, no me interesaba nada lo que pudiese contar el divino
del maquillador o la estilista o directora de moda más “In” del momento,
carecía de interés, hacía las fotos que ellos esperaban de mi para su
mediocre producto y luego cuando atacaban el catering, me quedaba con
el personaje, cambiaba la luz y hacía unas placas en blanco y negro
o material en color que me cautivase.
Lo mejor de todo, miradas verdaderas como esta de Ingrid, y la tranquilidad
de quedarte solo cuando toda la “troupe” de divinos se largaban de una
puta vez.

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