Rafael Roa©2009

Me gustan las paradas de autobus a horas y días poco frecuentes, al amanecer de
un día de fin de semana cuando la gente duerme y se recupera de la noche anterior.
No hay casi tráfico y los primeros autobuses del día pasan casí vacios con pasajeros
que vienen de retirada, adormilados y con esos rostros que reflejan los restos de
una noche intensa.
Llegue tarde a la parada, justo a tiempo para fotografiar la estela del autobus y el
luminoso en el justo momento que se apagaba, era esa hora de luz violácea antes
de la salida del sol y justo en el momento en que se apaga el alumbrado público.
Nadie en la avenida, vacía de coches, tranquila y solo el autobus sube la calle
como un potro desbocado y se pierde en la curva de la siguiente plaza, la brisa
azota las ramas de los árboles del parque, tengo mi foto de la parada justo en
el momento que había previsto hacerla, el parque me espera.

Share →

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *