Matilde Múzquiz murío ayer después de varios años de lucha por la vida.
Para los que no la conocieron y lean la noticia en la prensa,
habrá muerto “La pintora de Altamira” , la artista que conjuntamente
con Pedro Saura y su equipo realizaron el proyecto de la réplica
de esas cuevas y otras.
Para los que tuvimos la suerte de conocerla y compartir momentos
felices con ella, se ha ido una persona muy valiosa y querida
por todos nosotros, una mujer dulce y vital con la sonrisa en el rostro
y el brillo en los ojos, apasionada por su trabajo y por la vida.
Prefiero recordar aquellos momentos felices que pasamos con Pedro
Saura y Valentín Sama, la Facultad de Bellas Artes, algunas cenas
inolvidables llenas de risas y chascarillos, que disfrutamos todos juntos.
Y sobre todo los dos retratos que le hice, uno en un pantano cercano
a El Escorial donde Matilde pintó un bisonte en una roca
y éste que hice para EPS en el 94; si no me falla la memoria
cerca de la presa del Atazar en un lugar de hermoso paisaje
que yo utilizaba para algunas de mis sesiones fotográficas.
He preferido recordarla como era entonces y la última vez
que la ví fue hace dos años cuando todavía no estaba
muy maltratada por la enfermedad, y por eso cuando Sama
me aviso hace meses de que iba a ir a verla, le contesté
que prefería recordarla como en aquel monte,
con su ciervo pintado en una roca donde la fotografié
y ese momento divertido que sucedió al acabar la sesión
cuando Matilde me dijo:
” Roa, espera, que voy a poner la fecha debajo del ciervo para que
nadie se equivoque”.
Hasta siempre Matilde.
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