Rafael Roa © Madrid 2015 Lights and Shadows 1 / Sony a7R

Rafael Roa © Madrid 2015
Lights and Shadows 1 /
Sony a7R

Tengo la sensación de que hemos retrocedido 90 años en el tiempo, que estamos al borde de otro gran cataclismo, de otra época siniestra como la que comenzó con el crack del 29 y que culminó con la Segunda Guerra Mundial. La permisividad de los países poderosos con conflictos como el de Siria, las matanzas de África, y el drama de los refugiados que huyen del horror para asentarse en Europa, no me provocan sensaciones optimistas. Los augurios de los expertos económicos sobre otro crack en el otoño y todas las situaciones injustas y brutales que he detallado con anterioridad me provocan ese mal presagio. El triunfo de los especuladores económicos sobre la economía real, está produciendo un desajuste en el sistema económico que provoca todos los desequilibrios que se están produciendo. Vivimos estos tiempos convulsos e injustos y cada día amanecemos con noticias que nos indican que la vida de los seres humanos no valen nada para los que dirigen los países poderosos del planeta. No hay donde refugiarse, el poder real hace oídos sordos frente a estas tragedias, y la mayoría de la población europea mira hacia otro lado. Vemos imágenes en prensa de cadáveres en las playas mientras la gente siguen tomando el sol con total tranquilidad. Familias enteras atravesando las alambradas en Europa que ponen los estados para no saber nada de ese problema. No existes si no te veo. No queda nada y está claro que asimilamos las imágenes de estas tragedias como una más del negocio de la información que consumimos a diario. Dentro de poco esas “Almas De Las Sombras” dejaran de ocupar las primeras páginas de los telediarios y los periódicos. Otro drama ocupará su lugar.

Rafael Roa © 2013 De la serie Nowhere, Anywhere

Rafael Roa © 2013
De la serie Nowhere, Anywhere

Buscamos algo que exprese o represente lo que sentimos o pensamos, hacemos uso de las metáforas como herramientas para construir la narración visual con la cual comunicar todo aquello que nos inquieta. Fotografiar es una forma de expresarnos, nuestras imágenes hablaran desde nuestro silencio. Algunas fotografías de este trabajo son testigos de lugares que ya no existen, han sido destruidos. Otras son instantes fugaces que he capturado entre ese mundo difícil de las luces y las sombras. Y todas ellas a pesar de su heterogeinad forman un todo, un cuerpo que construye esta narración. La crítica de los desastres provocados por el hombre, edificios derruidos, o urbanizaciones que han sido devoradas por la fuerza de la naturaleza. La especulación derrotada por las leyes del mercado y sepultada bajo los matojos que surgen del asfalto. Carreteras que no llevan a ningún lugar y el despilfarro de las construcciones en la nada. Todo esto se mezcla con las emociones cotidianas que disfrutamos desde la intimidad del voyeur que recorre la ciudad buscando algo de humanidad en el interior de la masa que se mueve con la fuerza de la lava bajando por la ladera del volcán. La vida, las pasiones y la muerte detrás de cada esquina, el silencio y el vacío.

Palacio de La Equitativa,1906

Palacio de La Equitativa,1906

El Palacio de La Equitativa ha sido destruido, sólo queda la fachada como un esqueleto agonizante sostenido por las vigas que van a formar parte de su nueva estructura interior. La ley del 22 de noviembre de 2012 que declaraba bien de Interés Cultural la fachada, crujías exteriores y patio de operaciones del edificio ha quedado en papel mojado para ejecutar esta salvajada en beneficio de los intereses especulativos de aquellos que se aprovechan del pelotazo inmobiliario. Es un cadáver más que anotar en la historia de Madrid, el desmán es similar a una destrucción del interior del Instituto Cervantes, edificio del Banco Central. Afortunadamente por ahora esto no ha sucedido. En el resto de Europa, las grandes capitales cuidan su patrimonio cultural y artístico y por eso podemos disfrutar de la belleza de muchas de ellas. Para muchos esto les es indiferente, pero para otros que hemos conocido el edificio, esto nos causa dolor por asistir impotentes a una destrucción sistemática de la ciudad. Los saqueadores no tienen ética porque sus actuaciones van unidas a la corrupción y al beneficio propio en contraposición al interés de los ciudadanos.

El cadáver envuelto el redes y polvo se mantiene resignado a su suerte mientras las luces del amanecer van poco a poco iluminando su fachada. El silencio de un domingo al amanecer ayuda a reflexionar sobre esta carencia de valores que permiten la destrucción de la historia de las ciudades. La ciudad sigue repleta de “Invisibles” que buscan cobijo para pasar la noche entre soportales, cajeros de bancos, o tiendas hasta que amanece y después de recoger sus pertenencias deambulan como muertos vivientes sin esperanza por las calles de la ciudad. La destrucción de la ciudad va en paralelo con la destrucción de las vidas de aquellas personas a las cuales se les ha arrebatado todo y carecen de cualquier trabajo para poder sobrevivir. En definitiva se está destruyendo la vida.

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Palacio de la Equitativa, Madrid
Rafael Roa © 2015

Palacio de la Equitativa, Madrid Rafael Roa © 2015

Palacio de la Equitativa, Madrid
Rafael Roa © 2015

Palacio de la Equitativa, Madrid Rafael Roa © 2015

Palacio de la Equitativa, Madrid
Rafael Roa © 2015

Rafael Roa © 2015

Rafael Roa © 2015

“La fotografía concentra la mirada sobre lo superficial. De esa forma oscurece la vida secreta que brilla a partir de los conceptos de las cosas en un juego de luces y sombras. Eso no puede captarse, ni siquiera con las lentes más poderosas. Es necesario acercarse interiormente de puntillas…” 

Esta frase de Kafka que forma parte de una conversación con Gustav Kanouch, la podemos encontrar en “El acto fotográfico” de Philippe Dubois. Esta opinión me sirve para reflexionar sobre nuestra propia percepción de la realidad en el instante en que disparamos nuestra cámara. No podemos apreciar todos los detalles de la escena a través del visor y una vez que tenemos la copia en nuestras manos, exploramos con tranquilidad los matices de la imagen que hemos realizado. Por lo tanto el proceso del acto fotográfico se inicia con anterioridad al instante del disparo y se prolonga mientras exploramos la imagen con la copia física, y finaliza cuando los receptores de esas imágenes las interpretan y descodifican. La frase de Kafka nos invita a que dejemos toda nuestra emoción interior a la hora de producir nuestras imágenes, por un lado es nuestro compromiso honesto con la herramienta y uso que vamos a hacer de ella, y que nuestras propias huellas impregnen las fotografías que vamos a ofrecer a los demás. Si no somos capaces de reconocernos en nuestras fotografías habremos fracasado, no existirán nuestras huellas y sólo nos habremos limitado a ser reproductores de esa realidad parcial que se produce delante de nuestro objetivo. Fotografiar es comunicar lo que sentimos y expresarnos a través de ellas. Todas nos definen frente al espectador, y a través de ellas se pueden saber si somos unos farsantes o transmitimos de forma honesta el mensaje visual que proponemos.

Rafael Roa © 2015

Rafael Roa © 2015

Siempre soñamos con el paraíso, con el disfrute del placer eterno en un idílico lugar que sea el escenario para el gozo infinito de la vida. La imaginación siempre ha conducido al hombre al sueño de ese deseo irrealizable. En muchas ocasiones buscamos la metáfora de ese anhelo, y cuando fotografiamos proyectamos nuestros deseos en las imágenes que capturamos. Algunas veces somos conscientes de esa búsqueda y en otros casos nuestro subconsciente nos conduce a tener una percepción visual más sensible a nuestros pensamientos más íntimos. Desde el uso de la herramienta de la fotografía hemos pasado de pensar que era un espejo objetivo de la realidad a cuestionar esa verdad empírica, ya que se produce una proyección del mundo interior del fotógrafo, mostrando sus deseos más ocultos y produciendo imágenes que se adentran en su ficción personal. En la historia del arte hay miles de ejemplos de pinturas que mostraban el paraíso, ese jardín del Edén que todos deseamos. En muchas ocasiones fotografiamos lo que sucede delante de nosotros, lo que denominamos instantáneas de nuestra realidad encontrada.

Diane Arbus en contraposición a la imagen robada planteaba la realización de una imagen construida, y adopta el uso de la pose en sus fotografías, la elección personal como herramienta para la construcción de sus imágenes. Lo más importante es ser capaz de materializar esas ideas transmitiendo a los modelos lo que se espera de ellos. Las miradas naturales no existen en el retrato, siempre el personaje intenta ocultar su naturaleza real y ofrecer aquella imagen pública por la cual desea ser visto, y es trabajo del fotógrafo desnudar al personaje, quitarle la máscara. Nuestras ideas como premisa inicial y la dificultad de saber materializarlas en imágenes, y el azar que nos asalta sin permiso y en ocasiones nos provoca un cambio de rumbo, son las variables que tendremos que manejar para la búsqueda de nuestra expresión personal como fotógrafos.