Agosto

Agosto, la gran evasión de nuestras realidades, el mes en el cual aparcamos las
miserias cotidianas y nos permitimos soñar con otra vida diferente, más libre y
placentera. No son tiempos de sueños sino más bien de pesadillas, tiempos
difíciles y duros para la mayoría de las gentes, por eso la huida es necesaria para
evitar estallar en mil pedazos. Encontrar un refugio, una cala oculta en la costa
donde mirar el mar en silencio, o un bosque profundo donde la vegetación nos
proteja y nos oculte de nuestros semejantes, o viajar para buscar las huellas del
pasado de otros que tuvieron similares vicisitudes para sobrevivir y encauzar la vida.
La vida, el camino a la Itaca soñada, a ese paraíso inexistente que nos alienta a
una búsqueda constante e infructuosa, sentir lo que no sentimos, el hastío de lo
cotidiano y la sublimación del concepto de la felicidad.
Volar, el mito de Ícaro, elevarse entre las nubes, sentir lo único, aquello que nos
convierta en dioses por un pequeño espacio de tiempo, hacer que lo fugaz se
haga eterno y sentir intensamente la vida, ese viaje en cual queremos que todo sea
perfecto.

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