Los Asesinos Nos Esperan Ocultos En La Penumbra

Ralph Gibson ©

Esta imagen de Ralph Gibson me ayuda a escribir el post de hoy. Pensaba publicar uno sobre el trabajo de Sante D’ Orazio, un fotógrafo norteamericano habitual de las revistas de moda y catálogos de diseñadores en los años ’80 y ’90. Veo algunas producciones de Vogue Italia que tengo por casa y siempre me pareció un fotógrafo con menos personalidad que todos los de moda que os he mostrado antes.
Ralph Gibson es un grande de la fotografía, su imagen me anima a meterme en el mundo de la abstracción del desnudo, de la limpieza de las lineas, del cuerpo como simple objeto estético moldeado por las luces y las sombras.
El cuerpo como objeto, vaciarlo de todo tipo de contenido, sólo formas, no hay eros, nada que nos produzca una emoción ajena a la estética de las huecos ocultos. No hay contexto, sólo son espacios, similar a las notas a veces inconexas de la música contemporánea que forman un discurso musical abstracto. Interpretar el cuerpo, encerrar el deseo, alejar las formas de todas las pasiones y los sueños.

Encerrar todo los sentimientos bajo grandes capas de dolor y soledad, aislar los recuerdos, recordar las siluetas, mostrarlas, recrearse en los olores y las texturas para tu propia intimidad. Sólo mostramos a los otros, lo abstracto, esconder el deseo para siempre en el hueco de un árbol, y silenciar el viento con una sinfonía inarmónica. Bill Brandt distorsionaba el cuerpo, alejaba el deseo del puritanismo rancio de una sociedad dividida en clases y ordenada por un protestantismo usurero.
Eiko Hosoe usaba la abstracción con la misma facilidad que Mishima limpió su honor derrotado, con un suicidio tan honorable como estéril. Peter Greenaway rescata la historia de un cuadro de Rembrandt, lleno de sombras que ocultan a asesinos codiciosos de poder y riquezas.

Mi amigo, el poeta Ángel Presa Yobre, escribe en su libro “Extraños En El Corazón Del Viento”

El corazón cautivo
no siente
la caricia del mar

Eran dichosos 
manos de aire y lágrimas de azúcar
antes de padecer 
el fracaso del tiempo

El tiempo nos apuñala por la espalda en una noche de luna llena, por eso es mejor no dar pistas de nuestras miserias, a los asesinos que nos esperaran ocultos en la penumbra.
Los grandes maestros lo sabían, se refugiaron en la abstracción, en las sombras que invaden a las luces para ocultar sus miserias. Yo haré lo mismo.
Gracias, Ralph Gibson.

Rafael Roa ©

Rafael Roa ©

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